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Un abogado, una IA y sus propios escritos: cómo se instala un asistente dentro de un despacho

No es un chatbot ni una suscripción más. Es una IA que conoce tu negocio, escribe como escribes tú y trabaja con tus documentos. Cómo se monta, qué cuesta y qué dice un abogado que la usa a diario.

Henoch

Henoch

Automation & AI Consultant

Un abogado, una IA y sus propios escritos: cómo se instala un asistente dentro de un despacho

Juan Pedro es abogado y esta semana le toca escribir, otra vez, la misma clase de escrito que lleva veinte años escribiendo. La estructura la tiene en la cabeza. Aun así cada uno arranca casi desde cero, y cada uno se le va en horas. Él me escribió para preguntarme si la inteligencia artificial servía para algo de esto.

Once días después de la primera sesión, Juan Pedro lo describió así en nuestra web:

"En el despacho teníamos una sobrecarga de trabajo por el tiempo que conlleva elaborar tantos escritos. Gracias a Henoch pudimos automatizar muchos procesos a través de la IA y redactar escritos nos resulta mucho más fácil. Hemos ahorrado mucho tiempo y ahora podemos dedicar mucha más atención a nuestros clientes, además de detectar errores en los escritos que antes nos llevaba días encontrar."

Juan Pedro Mateos Correro, abogado

Ese último detalle es el que a mí me interesa, y no lo puse yo: errores que antes tardaban días en aparecer. Nadie compra una IA para eso. Apareció después.

Y explica mejor que nada la diferencia con pegar un documento en ChatGPT, que es lo que ya hace casi todo el mundo. Cuando le pasas un escrito suelto, la IA solo ve ese escrito. Cuando ha leído los cien anteriores, se da cuenta de que este dice una cosa que aquel decía distinta. Eso no es escribir más rápido, es la lectura que tú harías a la tercera pasada si tuvieras tiempo de darla.

El caso es un despacho porque es del que tengo testimonio por escrito. Pero si tú escribes presupuestos, informes o respuestas a clientes todas las semanas, esto va exactamente de ti. Cambia lo que le metes dentro y ya.

¿Qué es exactamente un asistente instalado en el negocio?

Es una inteligencia artificial que trabaja del lado de dentro. Sabe a qué te dedicas y dónde guardas los documentos, y ha leído suficiente material tuyo como para escribir parecido a ti. Te devuelve un borrador con tu estructura y tus fórmulas de siempre, y tú lo repasas.

¿Cómo se monta, en la práctica?

Son tres piezas: un perfil que dice quién eres y cómo escribes, tu propio material dentro, y acceso a las carpetas donde vives, que en este despacho es OneDrive.

Si ya has trasteado con ChatGPT, las dos primeras te van a sonar, y con razón: puedes montarlas tú en un rato con cuatro documentos, y te copiará el formato. La tercera es la que cambia las cosas, porque trabajar sobre la carpeta donde vives significa que lo tiene todo delante y no solo lo que le pegas. Ordenar ese archivo es donde se va la sesión de trabajo.

En un despacho el material son sus mejores demandas y escritos. En una empresa de servicios, tus veinte mejores presupuestos.

¿Y si mi información vive en una web con contraseña?

La petición estrella de Juan Pedro era que la IA entrara en el CENDOJ y en su base de datos jurídica de pago, aplicara sus filtros y le devolviera las sentencias con su enlace.

La primera respuesta que di fue que se conectaba con usuario y contraseña. Estaba equivocado, y lo comprobamos en su ordenador. Esas webs bloquean las conexiones que no vienen de una persona, así que no existe la pantalla donde metes tus claves y ya está.

La IA conduce el navegador del propio despacho, con la sesión que él ya tiene abierta, y trabaja ahí como trabajaría él.

Eso funciona en Chrome. En Edge no. En un despacho montado sobre Microsoft eso es el paso cero.

Dos avisos que valen para cualquier portal. Muchos prohíben el acceso automatizado en sus condiciones y la cuenta que se arriesga es la tuya, así que se mira contrato en mano. Y ese navegador también tiene dentro tu correo y tus carpetas, de modo que hace falta una lista escrita de a qué sitios entra y a cuáles no.

¿Qué pasa cuando el que lo monta se va?

El que tenía que acabar manejando esto era un abogado que no había tocado una IA en su vida.

Por eso descartamos la herramienta más potente, que se maneja escribiendo comandos en una terminal, y elegimos la que tiene ventanas y botones. Hace el ochenta o noventa por ciento de lo mismo y la puede llevar él solo.

Si sois un equipo, el perfil y la base de conocimiento son de la casa y los mantiene una persona concreta, que hay que nombrar el primer día.

No es el único sitio donde está montado. En Hatillo, una hamburguesería de Madrid (el caso está escrito en inglés), instalé un asistente parecido en mayo y ahí sigue, con las facturas de proveedores archivándose solas desde junio. En julio el dueño y su equipo se construyeron por su cuenta una herramienta que necesitaban, sin llamarme y sin pedirme presupuesto. Perdí esa venta, y me alegré, porque quería decir que habían aprendido de verdad.

¿Cuánto tiempo se gana de verdad?

No cronometré nada. No hay un antes y un después medido con reloj, y cualquiera que te enseñe uno de un despacho ajeno probablemente se lo ha inventado. Lo que tengo es lo que cuenta Juan Pedro: un escrito le llevaba horas y ahora lo tiene en minutos. El borrador sale mientras se toma un café, y su trabajo pasa a ser leerlo y corregirlo en vez de escribirlo.

La cuenta la puedes hacer con tus números:

Coge un documento de los que repites. Multiplica lo que tardas por las veces que lo haces al mes, y multiplícalo por lo que vale tu hora.

Con números de despacho se resuelve sola: veinte escritos al mes a hora y media son treinta horas, y si el borrador te quita dos tercios recuperas veinte horas. A lo que vale la hora de un abogado, eso lo paga la primera semana.

Si tu hora vale menos, la cuenta aprieta y hay que hacerla entera, licencias incluidas. Trabajando solo, con la hora cargada a 25 €, esas veinte horas son 500 € al mes contra unos 136 € de coste recurrente. Con cinco horas en vez de veinte, ya no sale. Y si sois un equipo, cuenta solo las horas de quien escribe de verdad: seis personas cuestan unos 409 € al mes recurrentes, así que hacen falta unas diecisiete horas al mes entre todos para empatar.

Hay una parte que no sale en esa cuenta y que para él pesa más. Juan Pedro trabaja muy de cerca con sus clientes, uno a uno, y las horas que se ahorra no las ha metido en más expedientes: se las dedica a ellos. Su testimonio lo dice con sus palabras, "podemos dedicar mucha más atención a nuestros clientes".

¿Cuánto cuesta y para quién no es?

Empieza por una sesión suelta, 150 €. Sales de ella con el perfil montado y con un borrador tuyo delante, hecho con tus documentos. Si no te convence, ahí se acaba. Si seguimos, se descuentan de lo de abajo. Con Juan Pedro empezamos igual, con una sesión suelta antes de comprometer nada.

Si tu material es confidencial por oficio, el papeleo de protección de datos va antes de esa sesión: te mando el contrato firmado con antelación, y así el primer día trabajamos con documentos tuyos y no con ejemplos inventados.

Los dos precios de después:

ConceptoPrecio
Primera sesión, se descuenta si sigues150 €
Implantación, si trabajas solo o sois dos600 €, una vez
Implantación en un despacho o equipodesde 1.200 €, una vez
Mantenimiento, solo99 € al mes, sin permanencia
Mantenimiento, equipo299 € al mes, sin permanencia
La suscripción de IAla pagas tú, a tu nombre, aparte

Primer año con todo dentro, licencias incluidas: unos 2.230 € trabajando solo y unos 6.100 € un equipo de seis. Lo mío son 1.788 € y 4.788 €; el resto son licencias que pagas al proveedor. Ese primer año lleva dentro la implantación, que solo se paga una vez, así que a partir del segundo bajas a unos 136 € al mes trabajando solo y unos 409 € un equipo.

La de solo es una sesión larga, el perfil y tus documentos dentro. La de equipo son dos sesiones, más material y formar a la gente, y sube de 1.200 si hay varias familias de documentos. Sabes la cifra por escrito antes de empezar.

Subir los escritos nuevos puedes hacerlo tú, y si te ves capaz hazlo y no me lo pagues. El mantenimiento es otra cosa: estas herramientas cambian por debajo cada pocos meses, y hay que volver a probar que lo tuyo sigue saliendo igual. Por eso va separado, y si un año no lo necesitas, no lo pagas.

Cuesta menos de lo que la gente se teme. El plan con condiciones comerciales, que es el que permite trabajar con documentos reales y no entrena con lo tuyo, ronda los 20 dólares por persona y mes con pago anual, casi lo mismo que la suscripción individual corriente. Ojo a una trampa si trabajas solo: ese plan comercial exige mínimo dos usuarios, así que pagarás dos aunque seas uno. Un despacho de seis serían unos 120 dólares al mes por encima de mis 299 €. Compruébalo en la página de precios, que cambia.

Esto no le compensa a todo el mundo:

  • Si escribes tres documentos al mes, no lo necesitas.
  • Sin material propio que meterle, la mitad del valor desaparece y el resto lo hace igual cualquier suscripción.
  • Si nadie en el despacho tiene ganas de aprender una herramienta nueva, no lo compres. Hay que abrirla todos los días para que sirva.

Lo que este sistema todavía no hace

No sustituye el criterio. Saca el borrador, y sigue haciendo falta un abogado que lo lea antes de que salga.

Y no todo despacho está montado igual. El de Juan Pedro va con suscripciones personales de Microsoft, así que algunas conexiones no estaban disponibles y hubo que resolverlo por carpeta local. Eso se ve el primer día abriendo vuestro panel de administración de Microsoft.

Por dónde se empieza

Soy Henoch Schmohe y monto este tipo de sistemas para despachos, restaurantes y negocios pequeños en España y Francia. Cuéntame cuál es ese documento y cuántas veces lo escribes, y te digo por escrito si te compensa o si todavía no. Si prefieres hablarlo por teléfono o por WhatsApp, dilo y lo hablamos.

Preguntas frecuentes

La primera versión útil sale de una sesión de una mañana. Coger la costumbre lleva semanas, y eso depende de vosotros más que de mí. El primer mes se va casi entero en ajustes.

Lo que hay en la pantalla del navegador que conduce, y nada más: no tiene tus contraseñas ni entra donde no le has dicho. Aun así, eso que lee en pantalla es un tratamiento de datos como cualquier documento, así que va cubierto por el contrato del artículo 28 y por una lista cerrada de sitios a los que puede entrar.

Hay dos obligaciones distintas y conviene no mezclarlas. La de protección de datos se cubre con un plan comercial y un contrato de encargado del tratamiento firmado, el del artículo 28 del RGPD. Pero si eres abogado tienes además el deber de secreto profesional, que es tuyo y no se delega firmando un contrato conmigo: decide qué entra y con qué plan, y si tu colegio tiene criterio publicado sobre herramientas de IA, ese manda por encima de lo que yo te diga. Con una suscripción normal se puede aprender y montar el sistema con ejemplos.

El mantenimiento es mensual y sin permanencia. Si un día dejas de trabajar conmigo, el sistema se queda contigo y sigue funcionando, porque la cuenta de la IA es tuya.